-¡Quieta no andes mas! ¡Cierra los ojos!
-Vale cariño, ¿pero porque?
-No los abras porfavor.
-Vale, me doy la vuelta.
Derrepente siento como se acerca y me susurra en el oido:
-Ya puedes abrirlos.
Y hay estaba el con una preciosa rosa en la mano y un beso para mi.
Porque estas pequeñas cosa son las que hacen que me sienta grande.
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